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La Inquisición


Una de las consecuencias de estos disturbios fue la conversión masiva de judíos, por lo que podemos decir que desde el siglo XV puede hablarse de los judeoconversos, también llamados «cristianos nuevos», como un nuevo grupo social, visto con recelo tanto por judíos como por cristianos. Convirtiéndose, los judíos no solamente escapaban a eventuales persecuciones, sino que lograban acceder a numerosos oficios y puestos que les estaban siendo prohibidos por normas de nuevo cuño, que aplicaban severas restricciones a los judíos.

Fueron muchos los conversos que alcanzaron una importante posición en la España del siglo XV.

El recelo despertado por esta situación, provocó descontento y frecuentes motines populares. Como solución, los Reyes Católicos consiguen del papa Sixto IV la creación del Tribunal del Santo Oficio o Inquisición (1.478): tribunal eclesiástico encargado de combatir las herejías y, en primer lugar, a los judíos falsos conversos a la fe católica.

En realidad, la Inquisición no fue un invento de los Reyes Católicos, ya que existían precedentes en instituciones similares en Europa desde el siglo XII, especialmente en la fundada en Francia en el año 1184.


Tribunal de la Inquisición


La imagen de la Inquisición estará condicionada desde un principio por la gran dureza de su actuación y sobre todo, en el hecho de que siendo un órgano eclesiástico, quedó desde sus inicios, bajo la autoridad directa de la Corona a quien correspondía el nombramiento de los Inquisidores y el control de sus finanzas. Por otro lado, la Inquisición se convertirá en la única institución con autoridad en todos los reinos de la monarquía hispánica, y en un útil mecanismo para servir en todos ellos a los intereses de la corona.



Suplicio de la polea


Desde sus orígenes, el nuevo tribunal se caracterizó por el uso de procedimientos poco respetuosos con las garantías jurídicas: se mantenía en secreto los nombres de los delatores; no se comunicaban a los detenidos los delitos de los que se les acusaba; la tortura era una práctica común en todas las causas; la Inquisición confiscaba los bienes de los condenados, siendo esta su única fuente de financiación, por lo que no resultó sorprendente que muchos de los encausados fueran hombres adinerados.


Las ejecuciones se realizaban en grandes actos públicos, llamados autos de fe; se calcula que más de 6.100 personas fueron ejecutadas antes de 1.516, la mayoría en la baja Andalucía y en Toledo. Además de perseguir a los falsos conversos, pronto ejercieron la represión contra cualquier desviación religiosa o moral (protestantismo, brujería...), y posteriormente contra delitos de carácter político, aunque esto último era poco frecuente.

El primer tribunal de la Inquisición se creó en Sevilla en 1480, pero pronto se crearon otros en España: Valladolid, Salamanca, Segovia, Ávila, Burgos, León, Córdoba, Jaén, Zaragoza, Lérida, Barcelona, Valencia, etc... Los delitos se castigaban con penas muy duras, la mayor era la muerte en la hoguera.

 

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