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EL AGUA Y LA HIGIENE EN LA EDAD MEDIA



Aunque los baños públicos han existido desde hace miles de años, su popularidad en Europa Occidental disminuyó después de la caída del Imperio Romano. No será hasta la época de las Cruzadas cuando la cultura del baño público regresó con más fuerza, traída desde el Oriente hasta Europa.

Muy pocas casas medievales tenían baño, lo que significaba que todas las personas desde nobles ricos hasta los trabajadores más humildes, tenían que utilizar los baños públicos. Aunque los ricos podían bañarse en agua fresca y tener personas que les ayudaran a resolver todas sus necesidades al bañarse, las personas más sencillas tenían que conformarse con baños más baratos, con agua que ya había utilizado alguien más.



Los baños públicos florecieron en las grandes ciudades europeas en el siglo XIII, y para el siglo XV ya eran algo normal en pueblos medianos. Contrario a las elaboradas instalaciones de los baños romanos o árabes con grandes albercas comunes de distintas temperaturas, los baños medievales usaban tinajas de madera con agua caliente en las que cabían dos o tres personas. Estos baños públicos medievales eran el centro de la vida en comunidad. Las personas socializaban al bañarse, cerraban negocios e incluso comían y bebían mientras se bañaban. Aunque existía ropa especial para el baño, la mayoría optaba por bañarse desnudo. Y ya que los hombres y mujeres tendían a compartir las mismas tinas, no es de sorprenderse que algunos de ellos se pusieran “muy sociales” con sus compañeros de baño.

En el campo, la práctica del baño no se halla menos extendida que en la ciudad. Dentro de casa o fuera de ella, uno se encoge en un balde de agua caliente, bajo una sábana extendida que conserva el calor y convierte el baño en baño de vapor. También pueden bañarse a la vez dos personas, o varias: la hospitalidad y la sociabilidad favorecen los rituales, por ejemplo el baño de los vendimiadores o el que toman juntos, la víspera de la boda, el novio con sus compañeros de juventud, y la novia con sus amigas. La actitud de la iglesia hacia el baño no era positiva, lo condenaba ya que lo veía como un lujo innecesario y pecaminoso. Esta fue una de las razones por la que desaparecieron los baños públicos cuando comenzó la Reforma. Al difundirse este movimiento social tan estricto, las personas comenzaron a ver la desnudez como un pecado.



Parece ser, sin embargo, que la sana costumbre del baño se vino abajo de la mano de las grandes epidemias medievales, cuando comienza a pensarse que el agua es la culpable de los contagios entre los cuerpos, porque a través de los poros de la piel se podía acceder a todos los órganos. Empieza entonces la época del baño “en seco”, restringiéndose el uso del agua a manos y cara. Como resultado, la higiene personal se hundió hasta su punto más bajo durante los siglos XVII y XVIII, hasta el punto en que las personas le temían al agua misma, y ni siquiera hablar de tomar un baño. Así que cuando el vínculo entre la higiene personal y la salud fue aceptado de una manera generalizada en el siglo XIX, las personas prácticamente tuvieron que aprender nuevamente a usar el jabón y el agua.

 

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