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Pasajes con Historia

El modelo hospitalario asistencial


en la Edad Media


La atención a los necesitados se realizaba en la Edad Media desde los supuestos de la beneficencia. Esta se plasmó básicamente en la erección de hospitales, en los cuales se procuraba ofrecer a los acogidos cuidados materiales, pero también asistencia espiritual. Los hospitales de la época medieval desempeñaban una triple función: atendían enfermos; actuaban como asilos, recogiendo a los menesterosos y funcionaban asimismo como hospederías, pues daban cobijo temporal a peregrinos y viajeros de condición modesta. La mayor parte de los hospitales medievales era de fundación eclesiástica, aunque también los había, particularmente a lo largo de la ruta jacobea, de creación regia.


La asistencia a los enfermos, durante toda la alta Edad Media, hasta aproximadamente el siglo XII, se efectuaba en los monasterios, en sus enfermerías a cargo de los frailes médicos (físicos). La atención tenía un planteamiento exclusivamente eclesiástico y masculino, de tal manera que se planteaban serios “problemas” a estos frailes médicos su salida fuera de los monasterios a atender enfermos y sobretodo la atención a las mujeres. La situación llegó a ser tan problemática que la Iglesia llegó a fijar una serie de órdenes restrictivas en la atención a los enfermos.

A partir del siglo XII y hasta el siglo XV, durante la Baja Edad Media, hacen su aparición los hospitales propiamente dichos y por primera vez, mujeres cuidadoras. Tanto los hospitales, principalmente urbanos, como la atención a los enfermos correrán a cargo de laicos y religiosos. No obstante, se produjeron importantes novedades en el terreno hospitalario. Por de pronto se crearon numerosos centros nuevos. Sólo en Madrid se fundaron, en el transcurso del siglo XIV, nueve hospitales. Uno de ellos se llamaba, muy expresivamente, de los pestosos, lo que pone de relieve la estrecha conexión con las epidemias que se propagaron durante el citado siglo.

Paralelamente se observan, en los hospitales de fines de la Edad Media, dos notas distintivas muy singulares. Por una parte nos encontramos con un mínimo de especialización: los lazaretos o casas de malatos (leproserías), localizados fuera de las ciudades, denominándose desde los siglos XV y XVI, hospitales de apestados; y por otro, los que podemos denominar hospitales generales, localizados dentro de las ciudades y que atendían a las enfermedades curables y así mismo centros para apestosos, para dementes, para mujeres perdidas, para peregrinos, etc. Pero al mismo tiempo avanza, por más que de forma tímida, la tendencia secularizadora.

Síntomas de la misma fueron la creciente preocupación mostrada por las autoridades municipales en las instituciones caritativas, pero también el papel, cada día más notorio, de los propios reyes en la administración de los centros hospitalarios. Los hospitales medievales tenderán, con el tiempo, a la especialización de forma definitiva, en un mayor número aunque de menor tamaño. Así, la administración y dependencia hospitalaria se ajustaba a tres ámbitos asistenciales: la Iglesia, a cargo de diferentes ordenes religiosas, cabildos u Ordenes Militares; los concejos, que irán asumiendo un papel mas protagonista con el paso del tiempo, y por último, los gremios, a través de las cofradías.

Tenemos constancia, a titulo indicativo, de aspectos muy concretos de estos hospitales, como por ejemplo su dotación, que habría de constar de cama con jergón de paja, velas y aceite, ropa de cama (cobertor, manta y sabanas) y utensilios como plato, servilletas y cuchara de madera. Respecto al personal sanitario estos hospitales estaban dotados de los que se llamaban hospitaleros o ministrantes, a medida que avanza la Edad Media hay una tendencia a las mujeres cuidadoras; así mismo contaban con barberos-sangradores, que eran exclusivamente hombres y por ultimo, las parteras, aunque estas atendían en las casas.

Incluso nos ha llegado la dieta que se facilitaba a los enfermos, caso de la orden benedictina que la tenía fijada para sus enfermos leprosos:

Comida:

Pan y vino: ½ cuarto al día
Carne: domingo/martes/jueves
Cerdo: 1 libra/persona
Cordero: 1 cuarto/6 personas
Huevos: lunes-miércoles y sábados (4 por persona)

Cena:
Queso: domingo/jueves
Guiso: lunes/miércoles/viernes
(Harina con manteca)
Cebolla cocida con lechuga (martes/sábado)

 

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